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15 enero, 2018

¿Has oído hablar del codo de tenista? ¡Te contamos todo lo que tienes que saber!

La epicondilitis lateral coloquialmente llamada “codo de tenista” es una patología común caracterizada por provocar sensibilidad y dolor en la cara externa lateral del codo. Tiene un pico de incidencia entre los 40 y los 50 años y, a pesar de ser conocida como codo de tenista, el tenis solo provoca un 5% de dicha patología, aunque es cierto que hasta un 40% de jugadores de tenis la sufren.

 

Causas y factores de riesgo

Es una lesión que aparece por sobrecarga. Es frecuente en deportes que requieren movimientos por encima de la cabeza, acciones repetitivas o un agarre continuo, como la mayoría de deportes en los que se emplean elementos externos: pádel, tenis, bádminton, etc.

Por otro lado, en el mundo laboral también es frecuente verlo en trabajadores que realizan tareas muy repetitivas con las manos y los brazos o que en su trabajo utilizan herramientas pesadas o donde se requiera la fuerza manual continua. Algunos ejemplos podrían ser: personal de limpieza, jardinería, peluquería, construcción o músicos.

 

Síntomas del codo de tenista

  • Sensibilidad en el epicondilo lateral del humero (cara externa del codo)
  • Dolor a la flexión dorsal resistida de la muñeca o el dedo medio
  • Dolor al agarrar objetos pequeños, como un vaso
  • Dolor al realizar pronosupinación, como al abrir una puerta
  • Dolor al extender por completo el brazo

El dolor se incrementa gradualmente en relación a la intensidad/volumen del motivo que lo provoca. En casos agudos puede llegar a doler en reposo. Los pacientes suelen convivir con síntomas durante un tiempo antes de acudir a un profesional. Los síntomas suelen durar entre seis meses y dos años, aunque suelen desaparecer en los primeros 12 meses.

Diagnóstico

El diagnóstico se realiza mediante la entrevista para la historia clínica así como mediante un examen físico en el que, además de explorar la zona, se puede realizar varias pruebas para ver si existe dolor al realizarlas.
Si el médico sospecha que hay algo más, puede realizar como pruebas complementarias los rayos X para descartar artrosis, la resonancia magnética para un diagnóstico diferencial con patologías con síntomas similares o la electromiografía para descartar problemas nerviosos.

Tratamiento

Primero siempre se empieza por un tratamiento conservador: reposo en la medida de lo posible (sobre todo de la actividad que está causando el problema), crioterapia (hielo) y compresión.
Es recomendable ir al fisioterapeuta para manejar mejor el dolor y lidiar con los síntomas. También se recomienda hacer ejercicios específicos sin dolor para mejorar el estado de las estructuras afectadas.
Como tratamientos más invasivos para casos más severos que no consiguen remitir con lo anterior, están las infiltraciones, tanto de antiinflamatorios no esteroideos como de corticoesteroides o de plasma. Como última opción cuando todo lo demás falla, se puede realizar cirugía, ya sea artroscópica o abierta.

Prevención

Para prevenir este tipo de problemas es importante tener unos músculos fuertes y flexibles, así como realizar los trabajos o ejercicios con una técnica correcta.
Es importante utilizar un equipo adecuado en cuanto a habilidad, tamaño y fuerza. También es útil el uso de elementos externos que ayuden a disminuir el trabajo del codo, como férulas compresivas o puntos de apoyo para maquinaria pesada.
Por último, es muy recomendable atacar los síntomas desde el principio y acudir a un profesional sin dejar pasar un tiempo excesivo.